Entrada Nº2: "Amigos, recuerdos y tomates"

Buenas, antes de empezar a chismosear leer esta entrada, debes saber que esta es una de mis entradas más extensas, por lo que si eres de los que se "aburren" con facilidad o tiene déficit de atención lo mejor será que pases a otra entrada.

En fin, no me enrollo más.


...

Pues creo que las cosas están muy tranquilas por ahora. Realmente no considero que haya nada interesante para contar. Supongo que se debe a que es lunes, pero bueno. En esta ocasión relataré un pequeño suceso que me ocurrió tiempo atrás:

El domingo de hace dos semanas me encontré con un viejo amigo de la Iglesia a la que voy. Me parece que no lo había dicho, pero soy "Cristiano Evangélico". Asisto a una "Iglesia Evangélica" (IPUE) junto a mi familia desde hace 6 años. Sí, ya sé que algunos pueden pensar que es bastante tiempo, sin embargo, yo no lo considero mucho. En fin, a lo que iba:


El chico en cuestión se llama "Sebastián" y pues lo conocí en una integración que hicieron entre la mayoría de las Iglesias de Cataluña (debido a un evento) allá por el año 2017/2018. Pues bueno, recuerdo que él se acercó a mí en aquella integración y me empezó a hablar como si ya me conociese, a pesar de que yo nunca lo había visto. Esa confianza que él tenía para hablar me hizo quedarme con una buena impresión de él, así que le seguí la corriente y hablé con él como si también le conociese aunque no sabía nada de él, ni siquiera su nombre. La Iglesia a la que él asiste se encuentra en Girona allá por el quinto pino, por lo que era complicado que yo supiese de él, ya que vivo en la corrupta Barcelona. El tiempo pasó y solo coincidí con él en tres ocasiones: En un "campamento de Jóvenes", en "el traspaso del Pastor (de la Iglesia a la que asisto) hacia otra" y en "un evento" del que no recuerdo mucho. Después de eso, no coincidimos durante casi 2 años...



Hasta que empecé a usar Instagram Instamal.



En el año 2020, en la cuarentena, empecé a darle un poco más de importancia a las redes sociales, ya que normalmente pasaba de ellas. Luego de un trajín ocasionado por las redes sociales por utilizar aquella red social, acabé encontrándome con el perfil de Sebastián por Instagram. Le envié una solicitud de seguimiento para espiarlo y vender sus datos para ver si podía comunicarme con él. Unas horas después, ya me había aceptado la solicitud, e incluso me empezó a seguir por la calle a las 3 de la madrugada, pero a pesar de eso no le escribí, ya que mi gran amiga enemiga "timidez"  no me lo permitió. Pasaron los días y para mi sorpresa, él me había escrito. Me preguntó si nos conocíamos de algo, por lo que le contesté que quién era sí, que nos habíamos conocido en un evento y bla, bla, bla... 


Pues bueno, resulta que como el gran asocial que soy no tengo una foto de perfil en la que mi rostro aparezca, sino que solo uso fotos que le hago a diversas cosas y abuelitas de la calle. Él me pedía una foto en la que se pudiera apreciar mi rostro, sin embargo, no quise hacerlo porque, no es que sea muy fotogénico que digamos. Le dije que ya se lo enviaría después.

 Spoiler: Se quedó esperando por meses...


Un día me animé y, en vez de enviar una foto, envié un vídeo. Creo que salgo mejor en los vídeos que en las fotos, pero bueno: él miró el vídeo, me reconoció, se acordó más o menos de quién era yo y ya; allí acabó todo. Luego de eso no hablé nuevamente con él por chat, sin embargo, me sentía más tranquilo ahora que sabía que él se acordaba de mí.


Esa tranquilidad acabó el domingo de hace dos semanas.


Luego de la pandemia, mi Iglesia empezó un nuevo horario para los cultos. Lo que nos interesa ahora es que hay dos cultos el domingo en vez de uno. Yo suelo asistir al primero, ya que así tengo la tarde libre para hacer lo que me apetezca fraudes piramidales. Pues bueno, resulta que el nuevo pastor de mi Iglesia había sido trasladado de la querida "Girona", de este modo era de esperar que algún "hermano de allí" viniera de visita a nuestra Iglesia. "Nunca llegué a imaginar que Sebastián y su familia llegaran de visita a mi Iglesia".


El culto acabó y debía esperar a que mi madre acabara un par de asuntos que tenía pendientes allí, por lo que, para pasar el tiempo, empecé a hablar con un "hermano de la Iglesia". Él me estuvo contando cosas sobre su trabajo como taxista, la verdad es que ser taxista es un trabajo bastante interesante, aunque es un poco cansado. De repente, me percaté de algo. Por la puerta entraron Sebastián junto a su familia. En ese momento me puse un poco bastante nervioso, ya que todo fue muy repentino. Cómo estaba hablando con aquel hermano, no podía acercarme a saludar. Tampoco podía dejar a aquel hermano con la palabra en la boca, puesto que es algo de muy mala educación. Estaba tan nervioso que no podía mirar a la cara a nadie, solo miraba el suelo, esperando a que tal vez él se acercase a saludar... Pero no fue así.


Ellos estaban allí para asistir al segundo culto, el  cual ya estaba muy cerca de empezar. En mi mente únicamente había un pensamiento: "¿Qué estará pensando él acerca de mí? ¿Estoy haciendo bien al no acercarme a saludar? ¿Pasa algo si es que no lo saludo?". 

En ese momento se acercó "otro hermano" y formó parte de la conversación. Gracias a él, pude escabullirme sin parecer un maleducado. Lo único malo de esto fue que ya era muy tarde. El culto había empezado y mi madre ya había acabado aquellos asuntos. Ya me tenía que ir


Mientras me acercaba a la salida para irme mi madre me dijo que teníamos que esperar a mi tía. Ella,  junto a mis primos, nos íbamos a comer a mi casa por lo que, lo único que faltaba, era que mi primo llegase a la salida también. Él se estaba cambiando para estar más cómodo, por lo que se fue al lavabo. Mi tía me dijo que lo fuese a buscar.

Fue una gran sorpresa para mí ver que, en aquel lavabo, también se encontraba Sebastián. Él estaba saliendo de allí. Mentiría si dijese que no me puse nervioso de nuevo:




- ¡Dios te bendiga, Sebastián!

+ Amén, Dios te bendiga. ¡Cuánto tiempo!




La conversación siguió y siguió. Lo malo era que, por cada segundo que pasaba, me ponía más rojo. Uno de los problemas que tengo es que, cuando estoy nervioso o algo parecido, me empiezo a enrojecer como un tomate. Lo peor es que, mientras más pienso en eso, más rojo me pongo. Recuerdo que había veces en que la voz me temblaba un poco o si no se me trababa la lengua. Supongo que por los nervios. En fin, le pregunté cosas como el porqué estaba allí, hacía cuanto que no nos veíamos, su fecha de cumpleaños, etc. Curiosamente, él cumple años el mismo día que otra amiga que tengo: "el 20 de agosto"


Y... 

Ya. 

No hay más. 

FIN.


Resumiendo: Me lo encontré en mi Iglesia y, cómo hacía tiempo que no coincidíamos, me puse nervioso. Estaba tan nervioso que me costaba hablar con él. No ayudó nada la cara de tomate que tenía en aquel momento, pero bueno, lo llegué a saludar.



Ahora, como es costumbre, me despido de ustedes, personas, animales, cosas o extraterrestres que estén mirando esto. ¡Hasta la próxima! 👋👋

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